artículo sobre Descartes con una reseña de la edición de Vidal Peña de Meditaciones, de Descartes


FUENTE http://unizarfilosofia.wordpress.com/2010/02/16/descartes/
Descartes.

Posted by forseti4y9 en 16 febrero 2010

1. Introducción.

En las Meditaciones metafísicas Descartes trata de asentar el conocimiento sobre bases ciertas. Para ello, Descartes utilizará la Razón, aplicando el método al que él mismo da nombre (el método luego llamado cartesiano).

De hecho, no debemos olvidar que es Descartes quien da comienzo a la filosofía moderna, al racionalismo, movimiento en el que además del autor de las Meditaciones metafísicas podemos incluir a Leibniz, Spinoza o Malebranche.

En este sentido, son varios los autores que han remarcado la importancia de Descartes. Es famoso el juicio al respecto de Hegel en las Lecciones sobre la historia de la filosofía, en donde señala que “Descartes es en realidad el verdadero fundador de la filosofía moderna en tanto que toma el pensamiento por el principio […]. La acción de este hombre sobre su siglo y sobre los tiempos modernos no podría exagerarse. Es un héroe, que ha retomado de una vez la cuestión desde el principio, que ha constituido desde cero el terreno, terreno ya únicamente filosófico, sobre el cual, entonces sólo, después de un abandono milenario, la filosofía ha sido reemplazada” .

La obra de Descartes ha de ser analizada por tanto desde esta perspectiva. En las propias Meditaciones, al comienzo, ya señala que debe demoler todas las opiniones previas. Además, hemos de tener en cuenta, que todo el pensamiento filosófico de Descartes se encuentra muy imbricado en sus ideas fundamentales en todas sus obras. Según señala Fernández Prat, en las Meditaciones, publicadas cuatro años después del Discurso del método, “se dramatiza y expone sistemáticamente, según el orden de un descubrimiento, el núcleo del análisis que realizó en el Discurso, entre otras cosas para mostrar su método y los resultados que ya había alcanzado en él” .

Según escribe el propio Descartes a Mersenne en carta fechada el 28 de enero de 1641, sus Meditaciones tratan de la naturaleza y el conocimiento de la mente, la posibilidad de que esta exista sin el cuerpo, la existencia de Dios y la esencia y existencia de la materia .

A modo introductorio, puede ser útil recordar algunos rasgos acerca del contenido filosófico de la obra El Discurso del método, tal como han sido comentados por Fataud :
a) La doble hostilidad de Descartes hacia el escepticismo y la escolástica.
b) Un ideal de conocimiento inspirado en las matemáticas.
c) Una metafísica donde se unen idealismo y realismo.
d) La unión entre mecanicismo y espiritualismo.
e) Un voluntarismo eudemonista en moral.

La filosofía es entendida como ese tronco del que Descartes hablaba en Los Principios de Filosofía, cuyas raíces son la metafísica, el tronco es la física, y las ramas que salen de este tronco son todas las demás ciencias, que se reducen a tres principales: la medicina, la mecánica y la moral.

El método que Descartes propugna para llegar a entender así la filosofía se puede resumir en cuatro principales reglas:
a) La regla de la evidencia: se trata del acto intuitivo que se autojustifica por su claridad y distinción.
b) El método analítico: dividir todo problema, pues para la intuición es necesaria la simplicidad.
c) La síntesis: hay que conducir con orden los pensamientos, partir de elementos absolutos hacia otros relativos o dependientes, creando una cadena de argumentos y razonamiento.
d) El control de los pasos individuales y la corrección de la síntesis.

Como señala Reale, de este modo “lo universal y la abstracción, que son dos momentos fundamentales de la filosofía aristotélico-escolástica, son substituidos por las naturalezas simples y por la intuición” .

Pero esa relación entre el método cartesiano y su metafísica no es tan clara, como advierte Vidal Peña : “la célebre claridad cartesiana no queda muy bien parada cuando esta problemática es encarada en serio”.

Se podría resumir el pensamiento metódico cartesiano, siguiendo en esto a Vidal Peña, en que la satisfacción de la conciencia se alcanza conociendo con arreglo a la evidencia clara y distinta, que no se obtiene en el dominio de la experiencia, presidido por los falaces sentidos, sino en el de la especulación gobernada por el principio de identidad, intuitivamente captado en una pluralidad de esquemas inanalizables: la matemática es el dominio material donde ese principio lógico queda realizado con absoluta excelencia .

2. Exégesis del recorrido de Descartes en las Meditaciones.

Una vez hemos visto a modo de introducción algunas de las líneas argumentales del pensamiento cartesiano, podemos ya pasar a analizar en concreto el recorrido de Descartes en la obra concreta que es el centro principal de nuestro ensayo.

El punto de partida de su argumentación es la duda de todas las cosas . También llamada duda metódica, por la importancia que esta tiene para su método. Y advierte Descartes que no es necesario probar que todas las opiniones son falsas, sino que basta con que demostremos que alguna aserción no es verdadera para que podamos dudar de nuestra experiencia sensible, sobre la que se ha asentado buena parte del saber tradicional.

Y como Descartes comprueba que nuestros sentidos a veces nos engañan, supone que ninguna cosa es tal como la representan nuestros sentidos.

Llega al punto de establecer la hipótesis del genio maligno, que tiene especial fuerza argumentativa. Así, en la meditación primera, señala :

“Así pues, supondré que hay, no un verdadero Dios –que es fuente de suprema verdad-, sino cierto genio maligno, no menos artero y engañador que poderoso, el cual ha usado de toda su industria para engañarme”.

Ya no se trata sólo de que pueda haber fallos en la percepción, que mis sentidos me engañen, ni siquiera le basta a Descartes con darse cuenta de que es difícil distinguir la realidad y el sueño, sino que pasa a un tercer nivel de duda más profundo, el del genio maligno.

Con esta hipótesis, como dice Reale, la duda es hiperbólica , nada resiste a la fuerza corrosiva de la duda. Pero no por ello dejar de ser metódica, pues su objetivo no es el escepticismo sino la verdad, el encuentro con la verdad.

Por esquematizar los niveles de la duda cartesiana:
a) Desconfianza ante la información de los sentidos.
b) Imposibilidad de distinguir cuando soñamos o estamos despiertos. El llamado argumento del sueño (que deja intactas las verdades matemáticas).
c) Hipótesis de un genio maligno que nos confunde.

La hipótesis del genio maligno necesitará para ser destruida de la demostración de la existencia de Dios, como veremos más adelante. Se trata del problema de cómo fundamentar la racionalidad o cognoscibilidad de lo real.

Esto es, la conexión que Descartes establece en la primera meditación entre el genio maligno y Dios lo es en el sentido de que este debe ser entendido como un ser perfecto y que no cabe que un ser perfecto pueda engañarnos. Como dice Fernández Prat, “la existencia de un Dios perfecto es el requisito fundamental para progresar hacia un sistema de conocimiento cierto” .

2.1 Anclaje de su argumentación: la verdad primera es el “yo pienso” (cogito ergo sum).

Para el encuentro de esa verdad el punto en el que se apoya Descartes es que soy, que existo. Se puede ver en la meditación segunda, por ejemplo:

“¿Qué soy, entonces?, una cosa que piensa. Y ¿qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente” .

También en su anterior obra del Discurso o en los posteriores Principios de la Filosofía.

Incluso bajo la hipótesis del genio maligno, si este me engaña, no hay ninguna duda de que existo. El cogito ergo sum no es un razonamiento, pese a lo que su expresión pueda indicar, sino una pura intuición, clara y distinta.

Tal como señala Reale: “Soy una res cogitans, una realidad pensante, en la que no hay ninguna ruptura entre pensamiento y ser” .

Esto es, la característica de la verdad es que es una percepción clara y distinta. La del pensamiento es que es una idea innata.

La verdad necesita de la claridad y la distinción, según el método cartesiano antes expuesto. Mi existencia es verdadera, soy cogito. Las demás verdades se descubrirán a partir del método, si tienen claridad y distinción, inmediata (intuición) o derivada (deducción).

Así por tanto vemos que Descartes lo que en último término está utilizando es la Razón, una razón que para Descartes pertenece a todos los hombres. De ahí que inaugure el racionalismo y la filosofía moderna, dejando de lado la teología y la escolástica. Hay que empezar definiendo el hombre. Con Descartes, la filosofía moderna entra en su fase idealista y racionalista.

Como dice Reale: “el banco de pruebas del nuevo saber filosófico y científico es el sujeto humano, la conciencia racional” .

La verdad no depende del pensamiento, sino del ser. Detrás de la verdad está el hombre, el método, la ciencia, no Dios.

Añadir quizá que según Vidal Peña el “yo” que concluye Descartes no es un “yo” personal, sino que se desubjetiviza: “siempre que se recorra este camino, se obtendrá la misma evidencia; si algo piensa, existirá” .

2.2 Estación de llegada de la argumentación.

2.2.1 La existencia de Dios.

Así, la conclusión a la que llega Descartes es la de la existencia de Dios, en la tercera y en la quinta meditación. Parecería paradójico, en función de lo que acabamos de señalar. Veamos su explicación. En la meditación tercera :

“Pues ¿cómo podría yo saber que dudo y de que deseo, es decir, que algo me falta y que no soy perfecto, si no hubiese en mí la idea de un ser más perfecto, por comparación con el cual advierto la imperfección de mi naturaleza?”.

En todo caso, según pone de manifiesto Vidal Peña, ya lo hemos visto en parte, las Meditaciones admiten una traducción no teológica de la idea de Dios y su relación con el hombre . Incluso señala este autor que del Dios despersonalizado de Descartes, identificado con el orden racional, al Dios sive natura spinoziano sólo hay un paso .

Las ideas para Descartes se pueden clasificar en innatas, las que nacen en mi conciencia, adventicias, que me llegan desde fuera referidas a cosas distintas de mí, y las artificiales, construidas por mí mismo.

Pues bien, la perfección, la sustancia infinita, eterna, inmutable, omnisciente, Dios, es una idea innata de mi pensamiento. La idea de perfección, que está en mí pero no procede de mí, sólo puede tener como causa adecuada un ser infinito, es decir, Dios. No la puedo producir yo mismo esa idea, pues yo soy imperfecto. Como dice Vidal Peña, en nota a pie de página de la meditación tercera , se trata de que la idea de un ser perfecto debe tener tanta realidad como su causa (es la prueba de la existencia de Dios por los efectos).

Es más, ontológicamente, la existencia es parte integrante de la esencia , como dice Reale. Se trata en último término de la llamada prueba ontológica de Dios.

Esquemáticamente: hay tres pruebas de la existencia de Dios, las dos primeras (o una misma, realidad, según expone Fernández Prat ) en la tercera meditación, y la última en la quinta meditación.

La más importante es la del argumento ontológico, la de la quinta meditación (igual que no puede concebirse una montaña sin un valle): si la idea como realidad objetiva exige una causa real adecuada, la idea de un ser infinito exige una causa infinita, por lo que Dios, el ser infinito, existe. Es decir: la existencia es una perfección, y Dios tiene todas las perfecciones, luego Dios tiene existencia.

Como dice Vidal Peña: “la idea de un ser perfectísimo no puede haber brotado de mí, que soy finito y limitado; debe haber sido puesta desde fuera” .

En realidad, según Vidal Peña, en la propia respuesta de Descartes a las primeras objeciones podemos ver que la prueba de Dios como causa de mi ser y la prueba de Dios como causa de que yo tenga la idea de Dios, en el fondo, son la misma .

Pero tal como señala Reale, la existencia de Dios no hace sino reforzar la capacidad natural del hombre para conocer la verdad, no lleva a defender la primacía de la Escritura sobre la Razón. Así, según Reale, “se ve derrotada de forma radical la idea del genio maligno” .

Según Reale, Dios lo que hace es garantizar el carácter objetivo de las facultades cognoscitivas que pertenecen al cogito.

En este planteamiento, el error procede de mi actividad, no de mi ser. La confianza de Descartes en el hombre, por tanto, es total.

Descartes configura así una metafísica grandiosa, donde se unen idealismo y realismo, que ha generado dudas interpretativas y tiene flancos no del todo satisfactorios.

Como explica Fataud , El Dios no engañador es el que nos garantiza la fiabilidad de nuestras ideas, si son claras y distintas, y de nuestros sentidos, que atestiguan la existencia del mundo exterior. El mundo exterior no es como nos lo presentan nuestros sentidos: su testimonio no tiene valor de verdad, sino que pertenece a la física matemática darnos a conocer la realidad. Pero eso no significa que los testimonios que nos dan los sentidos no sean útiles: al contrario, son algo precioso para nosotros, en tanto que somos seres vivos que debemos adaptarnos al mundo. Conclusión: verdad de las relaciones inteligibles y utilidad de las representaciones sensible (una metafísica que conjuga por tanto idealismo y realismo).

2.2.2 La independencia de alma y cuerpo.

Otro de los puntos destacados en la filosofía de Descartes que no queremos dejar de mencionar en el marco de este ensayo, sin querer por ello agotar ni mucho menos la mención de todos los temas clave de su filosofía (tales como el mecanicismo, por ejemplo), es el de la independencia de alma y cuerpo, consecuencia en cierto modo de su planteamiento anterior del cogito.

Para Descartes, en el hombre conviven dos sustancias radicalmente distintas entre sí, la res cogitans y la res extensa. El alma es pensamiento, mientras que el cuerpo es extenso.

Desde este planteamiento, Descartes plantea que es en la glándula pineal del cerebro donde se encuentra el alma, desde donde imprime el movimiento a la res extensa. El problema que plantea aceptar el pensamiento cartesiano a este respecto no es, según Popper , tanto el de la distinción entre dos mundos (el físico y el de la conciencia) cuanto que el de cómo el Descartes de la causalidad mecánica puede explicar que el alma inextensa actúe en el cuerpo extenso.

Para explicar este dualismo Descartes escribirá una obra posterior, El tratado de Las pasiones del alma, donde distingue entre pasiones fisiológicas, psicológicas y morales. Y propone que el hombre se guíe por la Razón, no por los sentimientos. Y en este sentido propone diferentes reglas de moral (obedecer las leyes y costumbres de mi país, incluida la religión; perseverar en mis acciones; vencerme a mí mismo, cambiar mis deseos más que el mundo; y emplear toda mi vida en el cultivo de mi razón).

Como concluye Reale: “Así, el eje de la reflexión y de la acción se desplaza desde el ser hasta el pensamiento, desde Dios y desde el mundo hasta el hombre, desde la revelación hasta la razón, que es el nuevo fundamento de la filosofía y el permanente ideal regulador de la acción” .

En relación con esta distinción entre alma y cuerpo, resulta curioso que Descartes rehuyera tratar de la inmortalidad del alma , como le objetaba Arnauld, el cual infería de dicha distinción real entre alma y cuerpo que el alma era inmortal.

3. Conclusión: el círculo cartesiano entre objetividad/subjetividad.

El problema de la verdad en Descartes se encuentra resuelto, como hemos visto, por la apelación a Dios como garantía de que las representaciones de la res extensa son verdaderas. Por tanto, hay un argumento circular. Si partíamos de las ideas claras y distintas para asentar nuestro conocimiento metódico, resulta que al final esa ideas claras y distintas se asientan en Dios, con lo que la garantía no parece ser tan metódica como pretendíamos, pues en último término estamos apelando a algo que no deja de estar presente ya en nuestro argumento desde el principio.

Como acaba exclamando Vidal Peña : decir que existe Dios es decir que existe en realidad lo que mi conciencia lógica me representa como claro y distinto… ¡Precisamente aquellos rasgos que la hipótesis del genio maligno ponía en tela de juicio!. Dicho más claramente: ¿Hay, acaso, tan sólo un enorme círculo, algo así como decir: “mi creencia en la evidencia matemática está garantizada porque existe realmente Dios, es decir, un orden matemático objetivo, en el cual creo porque, si no lo hubiera, mis evidencias no estarían garantizadas”?. Según Vidal Peña, la doctrina cartesiana no anda muy lejos de afirmar esto, y no deja de ser un valioso exponente histórico de razonamiento trascendental . Luego, su filosofía-ontología acabaría moralizándose, para acallar la terrible hipótesis del genio maligno.

El círculo cartesiano también podría ser explicado así: para saber de Dios ha partido de un cogito donde Dios no estaba; más tarde, para fundar la posibilidad del cogito, lo asienta en Dios .

Según Vidal Peña, la modernidad de Descartes es tal que afirma dos cosas a la vez respecto de Dios, hay un doble concepto de Dios : que garantiza que mis evidencias son legítimas tal y como las tengo; y que podría hacer que el mundo fuera enteramente otro. Garante de la inteligibilidad del mundo, y de otro lado, el límite de nuestras posibilidades racionales .

En todo caso, el juicio de Vidal Peña acerca de Descartes no es desfavorable. El voluntarismo de Descartes no es contradictorio con su proyecto racionalista , pues todo racionalismo crítico comporta a la vez las limitaciones y las garantías de la Razón. Podemos estar seguros de que lo que conocemos lo conocemos bien, pero no podemos estar seguros de conocer todo. Dios no nos engaña, nos limita. En realidad, esto se acomoda bastante bien al vocabulario cristiano.

En un sentido más general, podemos recordar qué se entiende por razonamiento circular: “presumir la verdad de la conclusión para dar apoyo a una premisa desbarata este propósito debido a que el grado inicial de confianza en la premisa no puede exceder el grado de confianza inicial en la conclusión” .

Efectivamente, el grado de confianza que necesito en la existencia de Dios no difiere del que necesito para creer en las ideas claras y distintas iniciales, que son las que han hecho que llegue a la verdad del cogito.

En este mismo sentido, es de resaltar que ya es terreno común el denunciar el problema del círculo cartesiano. Podemos leer en el Diccionario Akal de Filosofía, cuando resume a Descartes, que: “Lo que sí es cierto, no obstante, es que los elementos fundamentales de la ciencia cartesiana son las ideas innatas (principalmente las de las matemáticas), cuya fiabilidad toma Descartes como algo garantizado por el hecho de haber sido implantadas en nuestra mente por Dios. Esto, sin embargo, da lugar a uno de los mayores problemas des sistema cartesiano, que fue primeramente descrito por alguno de los contemporáneos del propio Descartes (principalmente Mersenne y Arnauld), y que ha llegado a ser posteriormente conocido bajo el nombre de círculo cartesiano. Si sucede que da fiabilidad de las ideas claras y distintas del intelecto depende del conocimiento de Dios, ¿cómo puede llegarse a establecer ese conocimiento en primer lugar?. Si la respuesta consiste en afirmar que probamos la existencia de Dios a partir de premisas que percibimos de forma clara y distinta, entonces el razonamiento parece circular; porque ¿cómo estamos autorizados en esta etapa a asumir que nuestras percepciones claras y distintas son realmente fiables?” .

En este mismo sentido, puede verse el comentario de Fernández Prat , que incluso se refiere expresamente a las Objeciones de Arnauld. Dicho en breves palabras, el círculo vicioso es el que sigue: Descartes apela a Dios para certificar que las ideas claras y distintas que ayudan a probar la existencia de este Ser Supremo no son engañosas.

La estrategia defensiva al respecto de Descartes apela a la luz natural (a la que ya hace referencia en la meditación tercera ) en sus respuestas a Mersenne y a Arnauld; a la crítica de argumento cartesiano se sumó Hume poniendo en cuestión que un ser perfecto no pueda ser engañador como algo que sepamos por luz natural.

Esa estrategia defensiva no parece, como dice Fernández Prat , que tenga un soporte muy firme.

Incluso el propio Descartes en su meditación tercera cuando afirma que resulta evidente que el Ser Supremo no puede ser engañador, reconoce que no podemos “comprender” las propiedades del Ser Supremo, sino sólo tener una “ligera idea” de las mismas.

En este punto nos podríamos plantear si Dios no es en realidad el mismo genio maligno de la hipótesis, con lo que todo el edificio cartesiano, construido para garantizar la racionalidad y cognnoscibilidad de la realidad y la verdad, se vería seriamente dañado.

Es más, esa es la interpretación de Vidal Peña, que señala que cuando Descartes resume esto en sus Principios de filosofía, se “olvida” del genio, refiriéndose lisa y llanamente a Dios. Y dice expresamente Vidal Peña : “y nos parece que de Dios tiene que tratarse, pues la condición para que el genio maligno pueda hacer que yo me engañe al creer que dos más tres son cinco es que sea absolutamente omnipotente, y eso sólo puede serlo Dios”.

Así, si entendemos que la hipótesis del genio maligno es consustancial al pensamiento cartesiano, el problema es real y efectivo, y su significación filosófica profunda, como dice Vidal Peña. Se pone en tela de juicio la conciencia racional misma, y no como mero artificio retórico.

Así, se nos aparece un Descartes muy moderno, nada medieval, en el que la hipótesis del genio maligno arroja dudas sobre el conjunto de la realidad: sobre el entero carácter racional de esta .

4. Corolario final.

Descartes ha caído ante el empuje del pensamiento filosófico posterior. Como señala García Morente en su introducción al Discurso del Método, ya Kant arruinó la metafísica cartesiana al distinguir esencia y existencia: la esencia puede conocerse intelectualmente, pero la existencia sólo puede ser objeto de conocimiento sensible. Así, el cogito y la prueba ontológica de la prueba de Dios pueden instituir ideas, pero no cosas existentes.

En este mismo sentido, Fernández Prat , al señalar que la existencia no es una propiedad o característica que tengan unas cosas y otras no tengan, pues “existir” no es un predicado.

No obstante, la importancia de Descartes sigue siendo mucha. Todo el pensamiento acrítico de la gente tiene mucho de cartesiano. Es más, según confirma Péguy, en la trascripción que nos ofrece Fataud, la importancia de Descartes, más allá de los problemas de su filosofía, es imperecedera, precisamente por plantearlos y por hacerlo de una determinada manera. Señala : “Una gran filosofía no es la que pronuncia juicios definitivos, instalando una verdad definitiva. Es la que introduce una inquietud, la que causa una conmoción […]. Una gran filosofía no es la que es invencible o la que una vez venció; es la que una vez combatió. Una gran filosofía no es una filosofía sin reproche, es una filosofía sin miedo”.

La deuda eterna de la filosofía con el pensamiento cartesiano es clara para Vidal Peña : lo que empezó como buceo en la subjetividad acaba en reconocimiento de la objetividad, pero un reconocimiento ya crítico. El reconocimiento ingenuo de una “realidad exterior a la conciencia” es algo que, desde Descartes (no digamos ya desde Kant), no podrá pretenderse sin infantilismo.

Y es que conviene subrayar la importancia de la hipótesis del genio maligno. Como dice en otro momento Vidal Peña : ya no es el mismo “Dios” el que se recupera cuando la hipótesis del genio maligno queda destruida; ya no es la misma confianza en la racionalidad que antes.

Como concluye Vidal Peña , y nosotros con él, el círculo cartesiano sería el reconocimiento de que no hay claridad, de que la evidencia que se trata de fundamentar viene, a la postre, a fundamentar ella misma el fundamento.

Es la de Descartes, bien entendida, una filosofía algo paradójica. Reconoce que la razón necesita de cierta fe, de cierto trascendente, de buenas obras, de voluntad, de moral. Siempre habrá que postular algo para escapar del genio maligno; fantasma que, por otra parte, nunca puede ser conjurado del todo.

Este es el trabajo, salvo que ahora no hay notas al pie, que presenté a Teoría del Conocimiento.

Bibliografía:
• AUDI, R. (ed.), Diccionario Akal de Filosofía. Ediciones Akal. 2004. Madrid.

• DESCARTES, R., Meditaciones metafísicas, Edición de Vidal Peña, KRK Ediciones, Oviedo, 2005.

• DESCARTES, R., Discurso del método y Meditaciones metafísicas, Edición de Olga Fernández Prat, Traducción de Manuel García Morente, TECNOS, 2002, Madrid.

• FATAUD, J.M. Discours de la méthode : Avec des aperçus sur le mouvement des idées avant Descartes, une biographie chronologique, une introd. à l’œuvre, une analyse méthodique du Discours, des notes, des questions et des documents, Bordas, Paris, 1972.

• REALE, G. y ANTISERI, D., Historia del Pensamiento filosófico y científico. Tomo II. Del humanismo a Kant. Herder, Barceona, 1988.
RESEÑA
http://www.fgbueno.es/bas/pdf/bas10311.pdf

Published in: on February 13, 2011 at 10:51 pm  Leave a Comment  
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